lunes, 4 de mayo de 2026

“En Guayubín el Gredar que Nunca Arrancó ”


En el polvoriento pero sabroso pueblo de Guayubín, donde los gallos cantan tarde y los políticos temprano, vivía Luchito Dorville: un hombre con más aspiraciones que votos. Era el eterno candidato a la alcaldía por el glorioso —aunque misteriosamente poco popular— Frente Unido Independiente (FUI).



Luchito era un visionario… o por lo menos eso decía él. Porque cada cuatro años presentaba su “plancha renovadora”, que curiosamente siempre venía más cargada de apellidos Dorville que una reunión familiar en Navidad. La vicealcaldesa: su prima. Los regidores: sus sobrinos, cuñados, y hasta un tío que nadie sabía de dónde salió. Entre titulares y suplentes sumaban más de 20… pero en las elecciones, los votos no llegaban ni a 5. Ni siquiera votaban todos ellos.


Pero Luchito no se rendía. Ese año estaba convencido de que “ahora sí es verdad”.


Una tarde calurosa, decidió lanzarse a conquistar al pueblo donde más duele perder: el juego de dominó de Cuca. Ahí se decidían elecciones, se arreglaban problemas… y se daban los mejores relajo.


Luchito llegó con paso firme, camisa planchada y una sonrisa que parecía prestada.


—¡Saludos, llegó su próximo síndico, el que va a resolver! —anunció con voz de mitin.


Los jugadores se miraron entre sí. Nadie soltó ficha. Solo Minguito el Calvo, un hombre medio tiguerón, levantó la vista y dijo:


—¿Y qué hay pa’ mí si ganamos la sindicatura?


Luchito, sin pensarlo mucho, respondió con autoridad:


—Como tú sabes manejar equipos pesados, te nombro desde ahora chofer del gredar.


Minguito se paró de un brinco, más feliz que quien encuentra dinero en un pantalón viejo:


—¡Ah, no! ¡Ya sí la pegué! Tú verás las puercas que voy a hacer con ese gredar…


Pero no había terminado la frase cuando Luchito lo frenó en seco, levantando un dedo como maestro de escuela:


—¡Momento! La gente del FUI no somos así. Nosotros no vamos con lo mal hecho… y usted desde ahora está cancelao.


El silencio fue sepulcral.


Minguito se quedó frío. El nombramiento no le duró ni un minuto. Fue el primer caso en Guayubín de alguien cancelado antes de cobrar… y sin haber empezado.


Desde ese día, en el juego de dominó de Cuca se inventó una nueva expresión:


—“Oye, no te emociones mucho… que te van a hacer un Minguito.”


Y Luchito… bueno, Luchito volvió a inscribirse en las siguientes elecciones, con la misma fe, la misma familia… y casi los mismos votos.


Porque en Guayubín, hay cosas que cambian… pero hay otras que son más fijas que una ficha doble seis.

Senador Bernardo Alemán se reúne con juntas de vecinos de Manzanillo para escuchar demandas comunitarias


Manzanillo, Montecristi. — El senador Bernardo Alemán sostuvo un importante encuentro con la Federación de Juntas de Vecinos “Mi Bahía”, en el municipio de Manzanillo, donde escuchó de primera mano las principales inquietudes, necesidades y propuestas de las comunidades que integran esa demarcación.





De acuerdo con una nota del departamento de prensa del legislador, durante el encuentro los representantes comunitarios expusieron diversas problemáticas que afectan a sus sectores, así como posibles soluciones orientadas al desarrollo local.


El senador destacó el valor del liderazgo comunitario como pieza fundamental para construir respuestas reales a los desafíos de cada comunidad, asegurando que mantendrá una agenda de trabajo cercana a la gente y enfocada en resultados concretos.


Asimismo, reafirmó su compromiso de canalizar las solicitudes presentadas ante las instancias correspondientes, con el objetivo de contribuir al bienestar y progreso de los residentes de Manzanillo.

Comunicación consciente: pilar estratégico para una reputación sostenible


Por Edgar Álvarez, Magíster en Comunicación Estratégica – Universidad Autónoma de Santo Domingo



En un entorno marcado por la sobreinformación, la desconfianza institucional y los desafíos globales como el cambio climático y la desigualdad social, la comunicación ha dejado de ser una herramienta meramente instrumental para convertirse en un eje estratégico de transformación organizacional. En este contexto, el concepto de “comunicación consciente”, planteado por Oriol Iglesias, adquiere una relevancia crucial para comprender cómo las organizaciones construyen reputación y generan valor más allá del ámbito económico.


La comunicación consciente implica asumir que las empresas no solo deben transmitir mensajes, sino también actuar de manera coherente con los valores que comunican. Se trata de un enfoque integral donde la transparencia, la trazabilidad y la autenticidad son fundamentales para establecer relaciones sólidas con los grupos de interés. Ya no basta con campañas de marketing bien diseñadas; se requiere una comunicación sistémica que refleje un compromiso real con el entorno social y ambiental.


Desde la perspectiva estratégica, este modelo representa un cambio de paradigma. Las organizaciones pasan de una lógica centrada en la reputación como resultado, a una visión donde la reputación es consecuencia de prácticas responsables y sostenibles. En otras palabras, la comunicación deja de ser maquillaje corporativo y se convierte en reflejo de la identidad organizacional.


Uno de los aspectos más relevantes de este enfoque es la conexión emocional con los públicos. En la era digital, donde la información fluye de manera constante y los ciudadanos tienen mayor capacidad de fiscalización, las audiencias valoran la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. La confianza, elemento clave de la reputación, se construye a partir de esa consistencia.


Asimismo, la comunicación consciente reconoce el papel activo de las empresas en la sociedad. Como señala Iglesias, las organizaciones deben asumirse como parte de la solución a los problemas globales. Esto implica integrar la responsabilidad social en el núcleo del negocio, no como un complemento, sino como un principio rector.


En el contexto dominicano, este enfoque representa una oportunidad para fortalecer la credibilidad institucional y promover un desarrollo más equitativo. Las empresas y entidades públicas que adopten una comunicación basada en valores, ética y transparencia estarán mejor posicionadas para generar confianza y legitimidad en sus comunidades.


En conclusión, la comunicación consciente no es una tendencia pasajera, sino una  estratégica en un mundo cada vez más exigente. Las organizaciones que comprendan esta realidad y actúen en consecuencia no solo construirán una reputación sólida, sino que también contribuirán de manera significativa a la transformación positiva de la sociedad.

domingo, 3 de mayo de 2026

Productores agrícolas de Batey Walterio claman por intervención urgente en caminos vecinales


Montecristi, República Dominicana. — Productores agrícolas del Batey Walterio, en la provincia de Montecristi, han alzado su voz para solicitar al gobierno central una intervención urgente en las condiciones de los caminos vecinales, los cuales aseguran se encuentran en estado crítico.



Según explican los agricultores, el deterioro de estas vías está afectando seriamente la producción y comercialización de rubros agrícolas, dificultando el acceso a sus parcelas y el transporte de los productos hacia los mercados locales y regionales.


“Cada vez que llueve, los caminos se vuelven intransitables. Perdemos tiempo, dinero y muchas veces la cosecha”, expresó uno de los productores de la zona, quien pidió a las autoridades acudir en su auxilio con equipos pesados para la rehabilitación de las rutas.


Los comunitarios indican que esta situación no solo impacta la economía de las familias que dependen del campo, sino también el abastecimiento de alimentos en la región noroeste.


Ante esta problemática, hacen un llamado directo al Ministerio de Obras Públicas y a las autoridades gubernamentales para que dispongan de maquinarias como gredares, retroexcavadoras y camiones, a fin de acondicionar los caminos y garantizar el acceso adecuado a las zonas productivas.


Los agricultores esperan una pronta respuesta, destacando que mejorar estas vías es fundamental para sostener la producción agrícola y dinamizar la economía local en Batey Walterio.

“Un Solo Round y Prueba en Mano: El Pleito Más Caro del Cabaret de Mangá”


En el pequeño pueblo de Mangá, cerca de Guayubín, las noches tenían su propio ritmo. Luces tenues, música alta y risas que escondían historias. Allí, en el famoso cabaret de Papalito, trabajaba una mujer a la que todos conocían como La Correcaminos.



Tenía unos 25 años, pero su forma de mirar la vida era la de alguien que ya había aprendido demasiado. Ágil de palabra, rápida de mente y con un carácter que no se dejaba pisotear, se había ganado su apodo a pulso.


Una noche cualquiera, llegó al pueblo Pascal Estévez, un joven inquieto que acababa de bajar de Nueva York. Cambió unos dólares, se vistió de confianza y entró al cabaret como quien viene dispuesto a vivirlo todo en una sola noche.


—“¡Tráiganme cerveza, romo y mujeres! Y pónganme una bachata de Manny Yovanny, que aquí se va a beber, se va a gozar… y algo más!”— gritó, levantando la mano con billetes frescos.


La música subió, las botellas comenzaron a llegar y la fiesta se encendió. Entre risas y tragos, Pascal puso los ojos en La Correcaminos. Negociaron rápido, sin rodeos: 500 pesos por un momento íntimo. Un acuerdo claro: una sola vez, ni más ni menos.


Subieron al cuarto.


Pero lo que debía ser sencillo, terminó en caos.


Minutos después, la puerta se abrió de golpe y ambos salieron discutiendo, sin tiempo ni para acomodarse.


—“¡Yo no he terminado!”— reclamaba Pascal, molesto.


—“Usted sí terminó, mi hijo. Era un solo round, ya yo cumplí. Ahora págueme mis 500 pesos”— respondió ella, firme, sin dar un paso atrás.


El escándalo fue inmediato. Sillas volando, botellas rompiéndose, gente saliendo sin pagar en medio del alboroto. El cabaret se convirtió en un ring improvisado.


Cuando parecía que todo se saldría de control, La Correcaminos propuso algo inesperado:


—“Vamos a revisar y se acaba el pleito.”


Llamaron a Pochito, que estaba en el juego de dominó donde el Cojo, conocido por meterse en todo lío ajeno. Llegó con calma, como juez improvisado en medio del desorden.


Tras examinar la situación, levantó la mirada y dijo con seriedad:


—“Aquí no hay discusión… la joven tiene razón.”


El silencio cayó como un balde de agua fría.


Pascal, sin más argumentos, terminó pagando. Algunos se rieron, otros comentaron en voz baja, pero todos entendieron algo esa noche:


Con La Correcaminos no se juega… porque ella siempre va un paso adelante.

viernes, 1 de mayo de 2026

Ayuntamiento de Guayubín destaca el valor del trabajo y reconoce a la clase trabajadora


El Ayuntamiento de Guayubín, encabezado por el síndico César Molina, realizó un emotivo mensaje de reconocimiento en honor a todos los trabajadores y trabajadoras del municipio, resaltando su papel esencial en el desarrollo de la sociedad.



En su declaración, las autoridades municipales expresaron que rendir homenaje a la clase trabajadora es también valorar el esfuerzo diario que sostiene el crecimiento de la comunidad. “El trabajo es más que una labor: es esfuerzo, es dignidad y es la base sobre la que construimos un mejor futuro para todos”, destaca el mensaje difundido por el cabildo.


Asimismo, el Ayuntamiento reconoció el compromiso, la responsabilidad y la dedicación de cada persona que, desde su área, aporta al bienestar colectivo, ya sea en el sector público, privado, agrícola o comercial.


El alcalde reafirmó que cada trabajador representa una pieza clave en la construcción de una sociedad más fuerte, solidaria y en constante avance, reiterando el compromiso de la gestión municipal de seguir impulsando iniciativas que favorezcan el desarrollo integral de Guayubín.


Con este reconocimiento, el cabildo local se une a las celebraciones que honran la labor de quienes, con dedicación, contribuyen al progreso de sus comunidades.

Historia de la ñemolea dominicana



La ñemolea es uno de esos platos que no nacieron en libros ni en restaurantes, sino en la vida dura del campo dominicano, especialmente en la región del Cibao. Su historia está marcada por la necesidad, la creatividad y la tradición.


🌾 Origen humilde


Desde hace generaciones, el maíz ha sido un alimento clave en la isla. En las comunidades rurales, donde el dinero escaseaba, la gente buscaba formas de hacer comidas que rindieran mucho con pocos ingredientes. Así surge la ñemolea: una mezcla de harina de maíz cocida con carne o vísceras, bien sazonada.


No era un plato de lujo, sino de supervivencia. Se hacía con lo que había a mano, muchas veces partes del cerdo que no se vendían fácilmente, como hígado o bofe.


🔥 La cocina del fogón


La preparación tradicional se hacía en fogones de leña, en grandes calderos. Era común cocinar ñemolea en:


Jornadas de trabajo agrícola


Tiempos de cosecha


Reuniones familiares en el campo



Por su consistencia espesa y su alto contenido energético, era ideal para quienes trabajaban desde temprano en el conuco.


🐖 Cultura de aprovechamiento


En el campo dominicano siempre ha existido una regla no escrita: no se desperdicia nada. La ñemolea refleja esa cultura, aprovechando cada parte del animal y combinándola con maíz para alimentar a muchos.


🗣️ Un nombre de tradición oral


El término “ñemolea” no tiene un origen documentado. Es una palabra del habla popular, transmitida oralmente. Como muchos platos criollos, su historia no está en archivos, sino en la memoria de los pueblos.


❤️ De necesidad a identidad


Con el tiempo, la ñemolea pasó de ser comida de campo a convertirse en un símbolo de:


La identidad cibaeña


La cocina tradicional dominicana


La creatividad del pueblo



Hoy no es tan común en las ciudades, pero en pueblos del noroeste y zonas rurales todavía se prepara y se recuerda con orgullo.



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En pocas palabras, la ñemolea es más que comida: es historia del campo dominicano servida en un plato.

jueves, 30 de abril de 2026

Entre Totoka y El Mello:LA CARTERA MILLONARIA… QUE ERA PURO PERIÓDICO


En el corazón de Guayubín, donde el calor aprieta pero el relajo nunca falta, estaba el famoso Guayabo Bar, punto de encuentro de todo el que quería beber, hablar de pelota y arreglar el país… sin arreglar nada.



Aquella noche, como de costumbre, estaban Totoka y El Mello, dos camareros veteranos, más rápidos sirviendo tragos que resolviendo su propia vida. Mientras esperaban clientes, tenían el debate encendido:


—Te lo digo, Mello, ese equipo no sirve…

—¡Pero ven acá Totoka! ¿Y tú sabes más que los peloteros?

—Más que ellos no, pero más que tú sí…


Entre política, béisbol y teorías sin base, se les iba la noche… hasta que entraron Peluchón y Carlos “El Kulu”, dos tigueres conocidos por beber fiado… y pagar cuando se acordaban.


Ese día venían “resueltos”: habían hecho un serrucho y juntaron para una tercia de ron añejo. Pero lo que traían no era solo sed… era maldad.


Se sentaron, pidieron su trago, y entre risas empezaron a planear una vaina:


—Oye Kulu… vamos a hacerle una vuelta a esos dos…

—¿A Totoka y al Mello?… tú eres malo, Peluchón… dale.


Agarraron una cartera vieja, parecida a la que usaba un tal Yamba, un diplomático haitiano que siempre llegaba con un bulto “buchú” de dólares. La llenaron de papel periódico bien picadito, del tamaño de billetes, y la tiraron disimuladamente cerca de la pista de baile.


No pasó ni un minuto…


—Totoka… ¿tú estás viendo lo mismo que yo? —susurró El Mello con los ojos como dos faroles.

—Coño Mello… esa no es la cartera de Yamba… esa vaina está llena de papeleta…


Totoka, más rápido que un robo de base, disimuló una conversación con los clientes, caminó como quien no quiere la cosa… y ¡fuácata! le echó mano a la cartera.


—¡Agárrala ahí! —le dijo al Mello, tirándosela como si fuera una pelota.


Las luces de la pista, cambiando de colores, hacían que los papelitos brillaran como euros nuevos. Ya ellos estaban soñando:


—Mello… esta noche nos fuimos…

—Olvídate Totoka… hoy no fregamos ni un vaso más…


Se acercaron donde la administradora, conocida como La Jamaiquina, mujer seria pero con ojo de tigre.


—Jefa… la noche está floja… déjenos dar una vueltica por las patronales…

—¿Y quién va a atender aquí?

—Tranquila jefa, tómese cuatro Corona… yo pago dos y Totoka dos…


La Jamaiquina los miró raro… pero aceptó.


Y ahí van los dos, caminando rápido, aguantando la risa, hasta llegar a la esquina de Chenchita.


—Ábrela, Mello… ábrela…

—Espérate… espérate…


Abrieron la cartera…


Fuaaaaaap.


Silencio.


Ni dólares.

Ni euros.

Ni pesos.


Papel periódico.


El Mello se quedó con la boca abierta. Totoka con la mirada perdida. El aire parecía más caliente.


—…Mello…

—Dime…

—Nos jodimos…


Regresaron al bar con el moco pa’ abajo, sin decir una palabra. Cuando entraron, Peluchón y El Kulu estaban doblados de la risa.


—¿Y qué fue Totoka? ¿Ya cambiaron los dólares?

—¿Te rindieron o no te rindieron? —dijo El Kulu entre carcajadas.


La Jamaiquina, desde la barra, solo dijo:


—Yo sabía… ustedes dos no dan un golpe bueno ni que se lo regalen.


Y desde ese día, cada vez que alguien veía a Totoka y al Mello emocionarse por algo fácil, en Guayubín decían:


“Cuidado… que eso puede ser periódico otra vez…” 😂

DE ÚLTIMO MINUTO | TRÁGICO ACCIDENTE EN VILLA SINDA (KM 31)


En horas de la mañana de este jueves se registró un lamentable accidente de tránsito en la comunidad de Villa Sinda, a la altura del kilómetro 31 de la autopista Duarte.




De acuerdo con informaciones preliminares, una persona perdió la vida tras impactar la motocicleta que conducía contra la parte trasera (cola) de una patana. El hecho ocurrió en circunstancias que aún están siendo investigadas por las autoridades.

Versiones extraoficiales indican que el fallecido presuntamente se dedicaba a la venta de recaíto en la zona, sin embargo, hasta el momento no ha sido identificado oficialmente.

Se espera que en las próximas horas las autoridades competentes ofrezcan mayores detalles sobre este trágico suceso.

Fuente: Christian Jiménez González

miércoles, 29 de abril de 2026

Carolina rinde cuentas y proyecta liderazgo de futuro.




“Estamos transformando una ciudad que no solo responde al presente, sino que se prepara para el futuro”, afirmó.

Más orden, espacios recuperados, seguridad, inclusión y calidad de vida: una gestión con resultados que ya marca referencia nacional.

Carolina no solo administra una ciudad, está demostrando cómo se gobierna un país. 🇩🇴

#CarolinaMejía #SantoDomingo #RendiciónDeCuentas #PolíticaRD

DE GUAYUBÍN PA VILLA DIEGO


En Guayubín, cuando alguien se iba lejos y desaparecía sin dar señales, la gente decía entre risas:



“Ese cogió la de Villa Diego.”


Nadie sabía exactamente de dónde salió la frase, pero todos entendían lo mismo: se fue… y no volvió más.


Decían que hace muchos años existía un camino polvoriento que salía rumbo a Villa Diego, un lugar lejano entre montes y caminos malos, donde quien se iba casi siempre tardaba meses en regresar… si regresaba.


Un tal Toño, famoso por deber en todos los colmados y por enamorar mujeres ajenas, un día amaneció diciendo que iba “a resolver un asunto rápido”.


Salió temprano, con una funda pequeña y su mejor camisa, prometiendo volver en la tarde.


La tarde pasó.


Pasó la noche.


Pasó la semana.


Y Toño nada.


Doña Chepa, que le fiaba arroz y aceite, preguntaba todos los días:


—¿Y Toño?


Y siempre alguien respondía:


—Olvídese de eso… ese cogió la de Villa Diego.


Desde entonces, cada vez que alguien desaparecía del pueblo, dejaba de pagar, se iba con una novia nueva o simplemente se perdía del mapa, ya nadie preguntaba mucho.


Solo decían, con media sonrisa:


—Cogió la de Villa Diego.

martes, 28 de abril de 2026

palé de Alí: Feliz por 5 dias en Guayubín.


En Hato del Chivo, cerca de Guayubín, vivía Alí, un agricultor conocido más por sus amores, sus partidas de dominó y su resistencia para la cerveza y el ron, que por el tamaño de su conuco.



Alí era hombre alegre, de esos que nunca decían que no a una invitación. Si había dominó, allí estaba. Si había una patronales, aparecía planchado. Y si alguien mencionaba el bar de Berranche, cerca de Rancha Pedro, más rápido todavía.


Pero había un detalle que siempre le molestaba: cada vez que iba donde Berranche, nunca lo atendían como él creía merecer. Las muchachas apenas lo saludaban, le ponían la cerveza tarde y casi siempre lo mandaban a sentarse en la mesa más arrinconada.


—Algún día me van a tratar como un rey —decía Alí, mientras daba un trago largo y acomodaba la gorra.


Y ese día parecía haber llegado.


Una mañana, contra todo pronóstico, Alí se sacó un palé en la lotería.


Cuando cobró aquel dinero, sintió que el mundo le pertenecía. Guardó unas papeletas en el bolsillo delantero, otras en la cartera, y salió derecho, sin mirar para los lados, rumbo al bobeo donde las hijas de Berranche.


La noticia corrió como pólvora en verano.


—¡Alí anda buchú de papeletas!

—¡Se pegó en la lotería!

—¡Hoy sí lo van a recibir con alfombra!


Y así fue.


Cuando llegó, encontró el negocio casi vacío. Apenas estaban la morena y la rubia, dos de las muchachas más vivas del lugar.


La morena lo vio entrar y le dijo sonriendo:


—Ay, don Alí… vuelva mañana, que hoy es lunes y seguro vamos a cerrar temprano.


Pero la otra, más rápida que un chisme de campo, la interrumpió:


—¡Nooo! Don Alí, si hay que amanecer con un cliente tan distinguido como usted, aquí se amanece.


Alí abrió los ojos como dos medio pesos y cogió un cuadre de rico que ni él mismo se lo creyó.


Se sentó de inmediato en una silla sencilla de madera, pero la rubia volvió a mandar:


—Morena, búscale una mecedora con cojines a don Alí.


Aquello fue música celestial.


Después de varias cajas de cerveza, entre risas y halagos, le preguntaron:


—Don Alí, ¿qué desea cenar?


Él, sorprendido de tanta atención, respondió:


—Si aparece un chivito, me lo como.


Y eso no fue sugerencia: fue orden.


Esa noche hubo chivo guisado, cerveza fría y ron del bueno.


Y así siguió.


Martes, miércoles, jueves y viernes…


Cada día más comida, más cerveza, más atenciones y más antojos. Alí se sentía patrón de hacienda. Se bebió el palé a puro gusto y aplauso.


Cada vez que sacaba un billete, las sonrisas crecían.


—Don Alí por aquí.

—Don Alí por allá.

—Don Alí, usted sí sabe vivir.


Pero el sábado, en la tardecita, la moña del palé ya se había esfumado.


El bolsillo estaba flaco. La cartera parecía un solar vacío.


Entonces la morena le puso una última cerveza en la mesa y dijo:


—Don Alí, tómese esa última, porque casi estamos cerrando.


Alí, algo confundido, preguntó:


—¿Y no hay una cenita para mí?


La rubia, sin azúcar en la voz, respondió:


—Usted puede comprar un hot dog en Guayubín o una fritura en El Pocito… porque aquí ya no queremos gente mirando.


El silencio cayó más pesado que una derrota en dominó.


Alí entendió.


Se bebió la última cerveza despacio, se acomodó la gorra, se levantó sin decir mucho y salió caminando con la dignidad medio golpeada.


Desde entonces, cada vez que alguien en Hato del Chivo se emociona demasiado por un dinero rápido, siempre aparece uno que dice:


—No te pongas como Alí… que el palé se acaba y el cariño también.


Y todo el mundo entiende la historia.

Carolina Mejía sigue consolidando al PRM en Santiago.


Juramenta nuevos líderes del PRM en Santiago Oeste y fortalece una estructura que ya ha sido clave en las victorias de 2020 y 2024.



Entre los nuevos integrantes se destaca Alexander Cuevas, empresario y dirigente comunitario de Santiago Oeste, quien se suma al PRM con todo su equipo con un compromiso firme de trabajar por su comunidad.



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