Por Edgar Álvarez
Magíster en Comunicación Estratégica y Relaciones Públicas (Universidad Autónoma de Santo Domingo)
En el contexto actual, la comunicación estratégica se ha convertido en un pilar fundamental para el éxito de las organizaciones. No se trata solo de transmitir información, sino de sensibilizar a los ejecutivos y líderes empresariales sobre una verdad esencial: sin comunicación, no hay absolutamente nada. Las mejores líneas de dirección y los planes más claros pierden efectividad si no están acompañados de una comunicación interna y externa adecuada.
Muchas empresas cuentan con estructuras bien definidas y objetivos precisos, pero fallan al no trabajar el contacto real con sus públicos de interés. En estos casos, los resultados suelen ser limitados o negativos, porque la comunicación no se integra como parte de la estrategia general del negocio. Tener metas claras no garantiza el éxito si los mensajes no llegan, no se comprenden o no generan retroalimentación.
Uno de los errores más comunes en las organizaciones es creer que comunicar equivale a tener muchos canales: correos, murales, redes internas o plataformas digitales. En la práctica, lo que se produce es una comunicación unidireccional, donde la empresa habla y los públicos solo escuchan, sin espacios reales para la respuesta, el diálogo o la construcción conjunta.
Aquí radica la diferencia entre una verdadera comunicación estratégica y un simple canal de divulgación. Las organizaciones que solo envían información hacia afuera, sin esperar ni valorar el retorno de lo que piensa su público, se limitan a informar. En cambio, aquellas que asumen la comunicación como un proceso estratégico promueven la interrelación, escuchan, analizan percepciones y ajustan sus acciones a partir de ese intercambio.
Cuando una organización pasa de informar a conversar, la comunicación deja de ser un accesorio y se convierte en una aliada estratégica clave. Este enfoque permite fortalecer la reputación, generar confianza, anticipar crisis y, sobre todo, obtener ventajas competitivas frente a otras empresas que aún conciben la comunicación como un simple envío de mensajes.
En definitiva, la comunicación estratégica no es un lujo ni una opción secundaria; es un componente esencial de la gestión moderna. Las organizaciones que la comprenden y la aplican de manera integral están mejor preparadas para enfrentar los desafíos del entorno, conectar con sus públicos y alcanzar resultados sostenibles en el tiempo.

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