martes, 26 de mayo de 2026

La leyenda del día que se quemó Villa Vásquez


Cuentan los más viejos que hace muchos años, cuando las calles de Villa Vásquez eran de tierra y las casas de madera y zinc, llegó al pueblo un anciano desconocido. Vestía ropa gastada, caminaba apoyado en un bastón y parecía agotado por el sol y el largo viaje.



Al entrar al pueblo, tocó la puerta de una casa y pidió un vaso de agua. La dueña, ocupada en sus quehaceres, lo miró de arriba abajo y le respondió que no tenía tiempo para atenderlo. El anciano siguió su camino.


En otra vivienda volvió a pedir agua. Allí también lo rechazaron. En una tercera casa recibió burlas, y en una cuarta ni siquiera le abrieron la puerta.


Casa por casa recorrió el pueblo, siempre con la misma petición:


—Solo quiero un poco de agua.


Pero nadie quiso ayudarlo.


Cuando el sol comenzaba a ocultarse, el anciano llegó a una humilde casita en las afueras. Una anciana que vivía sola lo recibió con amabilidad, le dio agua fresca y compartió con él un pedazo de pan.


El viejo le agradeció y, antes de marcharse, le dijo:


—Esta noche no salgas de tu casa y mantén tus puertas cerradas.


La mujer no entendió aquellas palabras, pero decidió obedecer.


Dicen que, pasada la medianoche, un fuerte viento comenzó a soplar sobre Villa Vásquez. Poco después apareció una llama en una esquina del pueblo. El fuego se extendió con rapidez entre las casas de madera hasta convertirse en un incendio aterrador.


Los habitantes lucharon desesperadamente para apagarlo, pero las llamas consumieron gran parte del poblado antes del amanecer.


Al día siguiente, cuando el humo comenzó a disiparse, los vecinos notaron algo extraño: la pequeña casa de la anciana que había dado agua al desconocido permanecía intacta, sin una sola quemadura.


Muchos aseguraron entonces que aquel anciano no era un hombre común, sino un enviado divino que había puesto a prueba la bondad del pueblo. Desde ese día, la historia se transmitió de generación en generación como una advertencia: nunca se debe negar agua ni ayuda a quien la necesita, porque nadie sabe quién puede estar tocando a su puerta.


Y así nació la leyenda del día que Villa Vásquez se quemó por negarle un vaso de agua a un anciano sediento.

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