miércoles, 29 de abril de 2026

DE GUAYUBÍN PA VILLA DIEGO


En Guayubín, cuando alguien se iba lejos y desaparecía sin dar señales, la gente decía entre risas:



“Ese cogió la de Villa Diego.”


Nadie sabía exactamente de dónde salió la frase, pero todos entendían lo mismo: se fue… y no volvió más.


Decían que hace muchos años existía un camino polvoriento que salía rumbo a Villa Diego, un lugar lejano entre montes y caminos malos, donde quien se iba casi siempre tardaba meses en regresar… si regresaba.


Un tal Toño, famoso por deber en todos los colmados y por enamorar mujeres ajenas, un día amaneció diciendo que iba “a resolver un asunto rápido”.


Salió temprano, con una funda pequeña y su mejor camisa, prometiendo volver en la tarde.


La tarde pasó.


Pasó la noche.


Pasó la semana.


Y Toño nada.


Doña Chepa, que le fiaba arroz y aceite, preguntaba todos los días:


—¿Y Toño?


Y siempre alguien respondía:


—Olvídese de eso… ese cogió la de Villa Diego.


Desde entonces, cada vez que alguien desaparecía del pueblo, dejaba de pagar, se iba con una novia nueva o simplemente se perdía del mapa, ya nadie preguntaba mucho.


Solo decían, con media sonrisa:


—Cogió la de Villa Diego.

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