sábado, 16 de mayo de 2026

Bocho y la guitarra del concurso en un campo de Guayubín.


En la comunidad de La Salá de Guayubín vivía un hombre muy conocido llamado Bocho. Todos lo reconocían por su gran barba espesa y su bozo abundante, que parecía un matorral debajo de la nariz. Caminaba siempre tranquilo por las calles polvorientas del pueblo, saludando a la gente y soñando con convertirse algún día en cantante famoso.



Bocho adoraba la música romántica, especialmente las canciones de Manolo Galván. Pasaba las tardes sentado frente a su casa afinando una vieja guitarra y practicando canciones mientras los vecinos lo escuchaban desde lejos.


Un año, durante las fiestas patronales de La Salá, anunciaron un gran concurso de canto. Todo el pueblo hablaba del evento y Bocho decidió participar. Estaba convencido de que aquella sería su gran oportunidad.


La noche del concurso, la cancha comunal estaba llena de personas. Había aplausos, luces improvisadas y una pequeña tarima adornada con banderines. Cuando llamaron a Bocho, este subió confiado, acomodó su enorme barba y tomó el micrófono.


La banda que acompañaba a los participantes tenía un guitarrista muy talentoso, pero pocos sabían que la guitarra que usaba pertenecía al propio Bocho, quien se la había prestado para ayudar en el concurso.


Con voz sentida, Bocho interpretó una canción de Manolo Galván. Cantó con tanto sentimiento que varias personas comenzaron a aplaudir antes de terminar el tema. Algunos hasta aseguraban que aquella había sido la mejor presentación de la noche.


Cuando llegó el momento de anunciar al ganador, todo el mundo guardó silencio.


—Y el primer lugar es para… ¡Toñito el de la loma! —gritó el animador.


Bocho quedó paralizado.


El público aplaudió, pero él apenas podía creerlo. Había llegado a la final y aun así no ganó. Su cara cambió por completo. Se acarició el bozo, respiró profundo y miró hacia la banda.


Entonces, sin decir una palabra, caminó directo hacia el guitarrista, tomó la guitarra y se la colocó al hombro.


—¡Pero Bocho, la música sigue! —le gritaron.


Y él respondió serio:


—La música sigue… pero con mi guitarra no.


El pueblo entero soltó una carcajada. Hasta el jurado comenzó a reírse. Bocho salió caminando lentamente por la calle oscura de La Salá, con la guitarra colgada y la barba moviéndose con el viento, mientras algunos muchachos lo seguían cantando la canción de Manolo Galván.


Desde ese día, cada vez que en La Salá se habla de concursos, alguien recuerda aquella frase famosa de Bocho:


—“Si no gano, por lo menos mi guitarra sí se va conmigo.”

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