jueves, 7 de mayo de 2026

La Noche Trágica de Bonifacio Toribio en El Pocito


La noche cayó pesada sobre la comunidad de El Pocito, en el municipio de Guayubín. El silencio del campo, apenas roto por el canto de los grillos y el murmullo lejano de una motocicleta, se convirtió en escenario de una tragedia que todavía muchos recuerdan con dolor y temor.




Bonifacio Toribio, hombre conocido entre vecinos y amigos por su trato sencillo y su vida ligada al trabajo, salió aquella tarde sin imaginar que no volvería a ver el amanecer. En las calles polvorientas del barrio, donde todos se conocen por nombre y apellido, comenzó a correrse la noticia de que algo malo había ocurrido.


Primero fueron rumores. Después, gritos. Luego el movimiento apresurado de curiosos y familiares. El cuerpo de Bonifacio yacía en medio de la oscuridad, marcado por la violencia de quienes decidieron apagar su vida a tiros. El eco de las detonaciones todavía parecía suspendido en el aire mientras las mujeres lloraban detrás de las puertas y los hombres hablaban en voz baja, como si el miedo pudiera escucharlos.


Las autoridades llegaron horas después, iluminando la escena con linternas y luces azules. Los agentes acordonaron el área mientras algunos vecinos observaban desde lejos, negándose a creer lo sucedido. En comunidades pequeñas como El Pocito, un asesinato no es solamente una noticia: es una herida colectiva.


Con el paso de los días, el luto se instaló en la comunidad. En las esquinas se seguía hablando del caso; algunos pedían justicia, otros preferían callar por temor. La familia de Bonifacio Toribio quedó atrapada entre el dolor y las preguntas sin respuestas.


Porque en pueblos como El Pocito, la muerte violenta de un hombre no desaparece rápido. Permanece viva en las conversaciones de las noches, en las miradas desconfiadas y en el recuerdo permanente de quienes aún esperan que la verdad salga completamente a la luz.

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