domingo, 26 de abril de 2026

Las vacaciones eternas de Luis Chávez



En Guayubín todavía se cuenta, entre risas y café de galería, la famosa historia de Luis Chávez, el hombre que regresó al pueblo diciendo que venía “solo de vacaciones”… y nunca más se fue.



Luis había salido años atrás en busca de mejor suerte, como tantos otros. Se fue con una maleta prestada, una camisa bien planchada y la promesa de que volvería “cuando estuviera mejor”. Pasaron los años y de Luis se sabía poco: que si estaba en la capital, que si trabajaba por el Cibao, que si andaba en negocios grandes… cada quien tenía su versión.

Un diciembre apareció de repente por Guayubín, bajándose de un carro público con una funda en una mano y una sonrisa en la cara.

—¡Llegó Luis! —gritaron en el parque.

La gente salió a saludarlo, abrazarlo y a preguntar lo de siempre:

—¿Y, Luis, viniste a quedarte?

Y él, acomodándose la gorra, respondía con toda tranquilidad:

—No, hombre, vine de vacaciones… en unos días me voy otra vez.

Aquello sonó normal. Total, era diciembre, tiempo de regreso y nostalgia.

Pasó enero.

Pasó febrero.

Llegó Semana Santa.

Y Luis seguía ahí.

Todas las mañanas aparecía en el parque, sentado en la misma banca, opinando de política, hablando de pelota y saludando como si nunca se hubiera ido.

—¿Y las vacaciones, Luis? —le preguntaban.

—Ya mismo me voy, estoy resolviendo unas cositas.

Pasó un año.

Después otro.

Y Luis seguía “de vacaciones”.

Ya nadie le preguntaba cuándo se iba, porque la respuesta era la misma desde hacía siglos.

Se volvió leyenda.

Cada vez que alguien llegaba a Guayubín diciendo que estaba de paso y se quedaba más de la cuenta, la gente soltaba la frase obligatoria:

—¡Esas son las vacaciones de Luis Chávez!

La expresión quedó sembrada en el pueblo como refrán popular. Si un novio iba “por unos días” a casa de la suegra y no salía más, eran las vacaciones de Luis Chávez. Si un político decía que venía temporalmente y terminaba echando raíces, también.

Luis, por su parte, nunca se defendió. Al contrario, se reía.

—Bueno, si uno está tranquilo, ¿para qué apurar el regreso?

Y así, entre cuentos, chistes y mecedoras, Luis Chávez pasó de visitante a patrimonio oral de Guayubín.

Porque en ese pueblo aprendieron que hay vacaciones cortas… y después están las de Luis Chávez.

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