jueves, 30 de abril de 2026

Entre Totoka y El Mello:LA CARTERA MILLONARIA… QUE ERA PURO PERIÓDICO


En el corazón de Guayubín, donde el calor aprieta pero el relajo nunca falta, estaba el famoso Guayabo Bar, punto de encuentro de todo el que quería beber, hablar de pelota y arreglar el país… sin arreglar nada.



Aquella noche, como de costumbre, estaban Totoka y El Mello, dos camareros veteranos, más rápidos sirviendo tragos que resolviendo su propia vida. Mientras esperaban clientes, tenían el debate encendido:


—Te lo digo, Mello, ese equipo no sirve…

—¡Pero ven acá Totoka! ¿Y tú sabes más que los peloteros?

—Más que ellos no, pero más que tú sí…


Entre política, béisbol y teorías sin base, se les iba la noche… hasta que entraron Peluchón y Carlos “El Kulu”, dos tigueres conocidos por beber fiado… y pagar cuando se acordaban.


Ese día venían “resueltos”: habían hecho un serrucho y juntaron para una tercia de ron añejo. Pero lo que traían no era solo sed… era maldad.


Se sentaron, pidieron su trago, y entre risas empezaron a planear una vaina:


—Oye Kulu… vamos a hacerle una vuelta a esos dos…

—¿A Totoka y al Mello?… tú eres malo, Peluchón… dale.


Agarraron una cartera vieja, parecida a la que usaba un tal Yamba, un diplomático haitiano que siempre llegaba con un bulto “buchú” de dólares. La llenaron de papel periódico bien picadito, del tamaño de billetes, y la tiraron disimuladamente cerca de la pista de baile.


No pasó ni un minuto…


—Totoka… ¿tú estás viendo lo mismo que yo? —susurró El Mello con los ojos como dos faroles.

—Coño Mello… esa no es la cartera de Yamba… esa vaina está llena de papeleta…


Totoka, más rápido que un robo de base, disimuló una conversación con los clientes, caminó como quien no quiere la cosa… y ¡fuácata! le echó mano a la cartera.


—¡Agárrala ahí! —le dijo al Mello, tirándosela como si fuera una pelota.


Las luces de la pista, cambiando de colores, hacían que los papelitos brillaran como euros nuevos. Ya ellos estaban soñando:


—Mello… esta noche nos fuimos…

—Olvídate Totoka… hoy no fregamos ni un vaso más…


Se acercaron donde la administradora, conocida como La Jamaiquina, mujer seria pero con ojo de tigre.


—Jefa… la noche está floja… déjenos dar una vueltica por las patronales…

—¿Y quién va a atender aquí?

—Tranquila jefa, tómese cuatro Corona… yo pago dos y Totoka dos…


La Jamaiquina los miró raro… pero aceptó.


Y ahí van los dos, caminando rápido, aguantando la risa, hasta llegar a la esquina de Chenchita.


—Ábrela, Mello… ábrela…

—Espérate… espérate…


Abrieron la cartera…


Fuaaaaaap.


Silencio.


Ni dólares.

Ni euros.

Ni pesos.


Papel periódico.


El Mello se quedó con la boca abierta. Totoka con la mirada perdida. El aire parecía más caliente.


—…Mello…

—Dime…

—Nos jodimos…


Regresaron al bar con el moco pa’ abajo, sin decir una palabra. Cuando entraron, Peluchón y El Kulu estaban doblados de la risa.


—¿Y qué fue Totoka? ¿Ya cambiaron los dólares?

—¿Te rindieron o no te rindieron? —dijo El Kulu entre carcajadas.


La Jamaiquina, desde la barra, solo dijo:


—Yo sabía… ustedes dos no dan un golpe bueno ni que se lo regalen.


Y desde ese día, cada vez que alguien veía a Totoka y al Mello emocionarse por algo fácil, en Guayubín decían:


“Cuidado… que eso puede ser periódico otra vez…” 😂

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